Alimentando aquellas historias, la niña soñaba despierta.
Creyendo que pronto se cumpliría todo lo que se le prometía, la niña no dormía.
Viviendo en un mundo tan frío, tan cruel... la niña se cubría los ojos y contaba.
Una cuenta regresiva desde diez millones.
La niña no se cansaba. Ella jugaba con los fantasmas, soñaba despierta, reía, bailaba.
Mientras allá afuera, todo se desprendía de ella.
Hasta que quedó sólo una isla, distante, pequeña.
En dónde sólo cabía una esperanza, y la niña...
Mientras cantaba canciones de cuna a las muñecas, frívolas y cínicas.
La niña sólo reía.
Pasaron años, y años.
La niña ya no existía.
Sólo quedaba esa vieja y polvorienta esperanza, y una mujer.
Que quizo salir de aquella pequeña isla.
Y sus historias quedaron en el pasado, con aquella niña que cantaba en el recuerdo.
Los pensamientos de aquella mujer se hicieron de piedra. Con ambiciones sucias, que no terminarían.
Aquella mujer se olvidó de la niña, que mató silenciosa y cautelosamente.
La mujer logró escaparse de la pequeña y segura isla...
...Sin tener en cuenta todo lo que había dejado atrás.
Esa mujer nunca fue una niña. Al menos eso parece.
Aquellas muñecas sólo son espejismos.
¡Qué será de sus historias!
Cayeron al océano, como todos esos dulces e inocentes recuerdos de la niña que nunca existió.
viernes, 5 de marzo de 2010
Isla Pequeña, quédate con la vieja esperanza.
Publicado por VioL€t en 23:15
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