Ella vestía un traje negro ese día.
Su padre ya no estaba para protegerla.
Entre lágrimas que se deslizaban cual cristal sobre porcelana ella rezaba
Sosteniendo un rosario de madera de ochenta años.
Entre flores blancas el yacía
Frágil, frío, vacío.
"¿Por qué justo ese día me tuve que enamorar?"
Su mente retorcida se estremecía con esa frase.
Le resultaba atractivo el traje de luto
El hombre del nicho la observaba con inquietud.
La evitaba, sin embargo la seguía con la mirada...
Tan elegante, tan sutil... Tan triste.
Pálida tez e inconsolable, con su fe tan latente.
Todo eso era irresistible para el hombre del nicho
Que entre sus huesudas manos, dejo caer una rosa roja sobre el cadáver
Y ella en seña de agradecimiento, sonrió levemente...
Y la lluvia comenzó a caer.
martes, 9 de noviembre de 2010
Luto
Publicado por VioL€t en 16:06
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